
VIEJO PERIODISTA CON SANDALIAS DE VIAJERO
Junto a García Márquez(izq.) el gran cronista polaco, muerto en enero de 2007, fue maestro de generaciones de reporteros que hasta ahora ven en él a todo lo que encarna lo mejor del periodismo: compromiso, humildad y una ética a prueba de balas.
Darwin Pinto Cascán
Si le teme a las balas, a las víboras, a la fiebre, a las espinas, a las enfermedades venéreas o a las letrinas, entonces usted jamás será periodista...
Esta sentencia la dice Ryszard Kapuscinski, considerado por muchos el mejor reportero del siglo XX. Esa oración resume, en sólo un párrafo, todo lo que debe saber un aspirante a reportero sin que tenga que sufrir cinco años en las aulas de una facultad, sacrificio que usualmente lo único que le deja es un título para colgar en la pared.
Si cree que lo dicho en el párrafo de arriba es algo audaz, aquí otros datitos del gran cronista polaco: Kapuscinski cubrió 27 revoluciones, 12 frentes de guerra y fue condenado en cuatro ocasiones a ser fusilado. Esa experiencia algo le habrá enseñado...
El maestro
Ryszard Kapuscinski, fallecido el 23 de enero de 2007 en Varsovia a los 74 años, periodista de culto para las nuevas generaciones de reporteros, fue un cronista con sandalias de viajero que puso en las mesas de desayuno europeas (en formatos de tabloide) las tragedias de guerras civiles y revoluciones en África y Latinoamérica.
¿Qué lo hizo diferente al resto de los corresponsales? Por más de 40 años de coberturas en lugares que ni aparecían en los mapas del mundo, él jamás gastó pólvora en gallinazo con preguntas frívolas como: ¿son 46 ó 47 muertos en la escaramuza de esta guerra civil? sino que lanzó su mirada al corazón del problema e interrogó sin el menor escrúpulo: ¿cómo carajos es que se llegó a ésto?
Además, nunca fue parte de la ‘manada’ de reporteros que se quedaban en las afueras de los palacios de Gobierno africanos o latinoamericanos esperando comunicados oficiales de prensa para luego correr a los teléfonos y llamar a sus redacciones, sino que se introducía en las selvas y callejones donde ocurría lo más crudo de sus historias, historias que casi nunca eran parte de la "noticia oficial".
Eso le ocasionó cuatro sentencias de muerte que burló con una buena dósis de suerte y con el peso de los quilates de su nombre. Entre las enseñanzas que el polaco dejó a sus alumnos hispanoamericanos en la Fundación para el Nuevo Periodismo Latinoamericano (que preside Gabriel García Márquez), estuvo el proclamar el derecho de las fuentes a ser personas con dignidad y no simples cifras, y también fue un crítico de la entrada del periodismo al libre mercado mundial en calidad de mercancía valiosa. “Cuando estuve en Ruanda en la matanza de 1994, noté que muchos periodistas, de tan conectados que estaban con su central por teléfonos y correos electrónicos, no veían lo que pasaba en el lugar. Llamaban a sus jefes en Nueva York o Madrid, quienes les decían que necesitaban confirmar ésta u otra noticia. Esos corresponsales ya no eran reporteros: sólo seguían órdenes de unos jefes que ni sabían en qué lugar del mundo quedaba Ruanda. Pero en mi experiencia, los mejores reportajes se escriben cuando en la oficina central ni siquiera saben dónde está uno”, escribía Kapuscinski.
El Hombre
Ryszard Kapuscinski, (nació en Pinsk, Bielorrusia, entonces parte de Polonia, el 4 de marzo de 1932 y murió en Varsovia, 23 de enero de 2007) estudió en la Universidad de Varsovia Historia y Arte, aunque finalmente se dedicó al periodismo. Colaboró en las publicaciones como el Time, The New York Times, La Jornada y Frankfurter Allgemeine Zeitung. Compaginó desde 1962 sus colaboraciones periodísticas con la actividad literaria y ejerció como profesor en varias universidades. Fue corresponsal en el extranjero hasta 1981. Entre 1954 y 1981 fue miembro del Partido Unido de los Trabajadores Polacos (denominación que tenía en Polonia el Partido Comunista). En 1964 fue designado por la Agencia de Prensa Polaca (PAP, por sus siglas en polaco) como su único corresponsal en el extranjero. Viajó por los países en vías de desarrollo y reportó guerras, golpes de Estado y revoluciones en África, Asia, Europa y las Américas. En el mundo anglosajón Kapuscinski es mejor conocido por sus reportajes en África en las décadas de 1960 y 1970, cuando presenció el fin de los imperios coloniales europeos en aquel continente.
El espía
Kapuscinski, que sonó en numerosas ocasiones como candidato al premio Nobel de literatura, tras su muerte fue acusado por la edición polaca del semanario Newsweek de haber sido espía comunista en los países sobre los que escribió. Newsweek publicó extractos de archivos sobre Kapuscinski conservados en el Instituto Polaco del Recuerdo que le exponen como agente de la policía secreta comunista entre 1967 y 1972.
“Durante su cooperación ha demostrado mucha voluntad pero no ha dado ningún documento significativo”, decían los extractos policiales del archivo de Kapuscinski, citados por la Newsweek. “Ningún periodista de EEUU tuvo que trabajar con la CIA para poder salir del país”, Pero Kapuscinski tuvo (…) Si no lo hubiera hecho, no habría escrito sus libros. No habría sido Kapuscinski”. declaró a una agencia de noticias Ernest Skalski, un viejo amigo del fallecido y también reportero.
Así entre el mito creado por sus seguidores y las acusaciones de sus detractores, el legado periodístico-literario de Kapuscinski es innegable incluso entre grandes periodistas de la talla de Gabriel García Márquez. El polaco fue al único periodista vivo al que el ego enorme del Nobel colombiano se rindió sin atenuantes. Sólo a Kapuscinski el Gabo llamó siempre cada vez que se encontraron: gran maestro. Por algo habrá sido.
Su obra literario-periodística
- Emperador, sobre el emperador de Etiopía Haile Selassie.
- El Sha, tema de la época del Sha Mohamed Reza Pahlevi de Irán.
- El Imperio, acerca del derrumbamiento de la Unión Soviética.
- Ébano, considerado por muchos su mejor libro, contiene reportajes ubicados en varios países de África.
- Lapidarium IV, fragmentos de reportajes y pensamientos.
- La guerra del fútbol, en que habla sobre diversos conflictos africanos y latinoamericanos. El reportaje que da título al libro narra la guerra que llevaron a cabo Honduras y El Salvador, cuyo detonante fue un partido de fútbol entre las selecciones de ambos países valedero para el mundial de México en 1970.
- Los cínicos no sirven para este oficio, basado en entrevistas y conversaciones moderadas por Maria Nadotti.
- Un día más con vida, donde narra la descolonización portuguesa de Angola en 1975 y sus consecuencias: una guerra civil que asoló la región hasta hace muy poco.
- Los cinco sentidos del periodista, que recoge principios básicos de periodismo, con base en los talleres que impartió en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. - El mundo de hoy, en el que el autor reflexiona sobre los últimos acontecimientos ocurridos en el mundo tales como el 11-S o el 11-M, así como una autobiografía y sus reflexiones para comprender el mundo en el que vivimos.
- Viajes con Heródoto, publicado en 2006. Obsesionado por cruzar la frontera, la redacción del diario en el que trabaja le envía a la India con un libro, la Historia de Heródoto, el primer historiador griego. Es un libro de difícil clasificación, en el que homenajea a un Heródoto protorreportero, descubridor de algo tan fundamental como que los mundos son muchos.
Esa gran manada mundial/Fragmento
Ryszard Kapuscinski
A medida que el negocio de los medios se hizo más grande e importante, éstos empezaron a encerrarse en una vida propia y desvinculada de la realidad. Si antes la prensa tenía como objetivo reflejar el mundo, ahora los grandes medios se limitan a “su” mundo compitiendo entre ellos. Ya no les interesa tanto lo que sucede afuera, sino que los demás medios no publiquen algo que ellos no tienen. Una gran manada de trabajadores de medios se mueve de un lugar a otro del mundo creando una brutal centralización de la noticia. Para competir entre sí los medios andan en banda mirándose unos a otros sin mirar al mundo. Por eso si en el mundo ocurren varios hechos a la vez, los medios sólo cubren uno: el que atrae a la manada. Más de una vez fui miembro de esa manada y vi de cerca cómo funciona. Recuerdo la crisis generada por la toma de rehenes norteamericanos en Teherán: aunque nada sucedía en la capital de Irán, miles de enviados especiales del mundo permanecieron por meses ahí. Esa misma manada se trasladó al Golfo Pérsico durante la guerra aunque los estadounidenses no dejaban que nadie se acercase al frente. En ese mismo momento ocurrían cosas horribles en Mozambique y en Sudán, pero a nadie le importó porque la manada estaba en Kuwait e Irak. Nuestro oficio comenzó a cambiar como consecuencia de la revolución tecnológica que permitió transmitir la noticia de manera fácil. Pero hay una segunda razón para el cambio de nuestro oficio, acaso la más importante: que la noticia se convirtió en un buen negocio. Normalmente el periodismo se hacía por ambición o por ideales, pero de repente se advirtió que la noticia era un buen negocio.
Galardones
- Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2003, por "su preocupación por los sectores más desfavorecidos y por su independencia frente a presiones de todo signo, que han tratado de tergiversar su mensaje". Para él se pidió el premio Nobel de Literatura (por su riqueza narrativa), aunque jamás se le otorgó.
- Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cracovia, Universidad de Gdansk, Universidad de Silesia en Katowice, Universidad de Wroclaw, Universidad de Barcelona y la Universidad Ramón Llull.
- Premio Literario Elsa Morante (2005)
Opiniones
Gísela López / Periodista
El periodismo que hacía él está en vías de extinción. Sobre todo, la parte que concierne al trabajo de campo, ese periodismo que mastica polvo, que se mimetiza en la sociedad para contarla hasta en sus detalles más íntimos. Ahora todo se hace desde el escritorio, pero Kapuscinski era capaz de pintarse la piel para mimetizarse en la sociedad donde iba a hacer periodismo del bueno. Ese tipo de trabajo es el que se está perdiendo por culpa del sistema globalizador y mercantilista.
Hernán Cabrera / Federación de la Prensa
El periodismo que nos legó ese gran periodista es aquel que nos permitió abrir las puertas a la inteligencia, al estilo, al compromiso y a la denuncia. Nos hizo descubrir el horror de la guerra y la actitud de no soportarla. El mejor reportero del mundo nos dijo que no podíamos ser indiferentes ni imparciales frente a la tortura y el hambre. Nos enseñó que el periodista es un ser comprometido con su pueblo y con la verdad. No podemos ser neutrales. Tenemos que asumir las causas, ser militantes de la verdad, del pueblo y no del poder.
Roberto Navia / Periodista
Kapuscinski, el maestro, enseñó que se debe narrar las penurias de los que sufren la historia y no sólo de aquellos que la escriben. Tuvo el talento de escuchar, viajó sin apuros y siempre creyó que el periodismo más que una carrera era una misión. Cada que tengo que marchar a buscar historias, recuerdo que decía que “el reportero de verdad no se aloja en el Hilton sino que duerme allí donde lo hacen los héroes de sus relatos, y también come y bebe lo mismo que ellos. Sólo así podrá escribir un texto honesto”.