viernes, 11 de abril de 2008

Y DIOS GOLPEÓ A LA VILLA IMPERIAL DE CARLOS V


HISTORIA TRÁGICA Y GRANDIOSA DE
UNA TIERRA QUE VALE UN POTOSÍ
La Villa Imperial fue hogar de personajes ilustres como un nieto de Colón, un sobrino de San Ignacio de Loyola o un hijo bastardo del rey Carlos III, entre otros.


Darwin Pinto

Esta villa de piedras grises y balcones carcomidos por los siglos es un oasis de palacetes medievales atrapados en el tiempo y rodeados por cerros mitológicos. Allí yacen humillados dioses incas derrotados por los arcabuces de los hombres vestidos de fierro que se llevaron la sangre de los indios y la del cerro sagrado para moldear a España hasta convertirla un imperio.
El 21 de abril se cumplieron 462 años desde que Juan Villarroel, el primer español que pisó el cerro sagrado, encontró la primera gran veta de plata que haría legendaria la riqueza del lugar. Entre los arrabales en los que sólo crecían casas de adobe con techos de paja, (donde los nativos se defendían del frío muriéndose de tristeza) nació un campo minero cuya reputación trascendió los mares con la velocidad de la peste. Después, el caserío lúgubre y fangoso donde habitaban indios sin dios ni comida, se transformó en la Villa Imperial de Carlos V, ciudad que tuvo 160.000 habitantes en el siglo XVII, más que el París o el Londres de la época, mientras que en el siglo XXI, tiene 176.000, la cuarta ciudad más poblada de Bolivia.


La historia de Potosí está comprimida en libros con forros de cuero y páginas amarillas (casi siempre rotas y hediondas a viejo o a algún perfume antiguo de mujer), entre los anaqueles de los archivos históricos de Sucre y de la Casa de Moneda en Potosí.

Así como los cronistas potosinos Bartolomé Orsúa Arzans y Nicolás Martínez (siglo XVIII), o Modesto Omiste, (siglo XIX), escribieron la historia de la Villa (agua escurridiza que canta lo que gente antigua hizo o pensó), otros narradores de distintas naciones y épocas contaron al mundo los hechos reales o inventados ocurridos en esta ciudad de fantasmas.


Entre esos autores se cuentan a Miguel de Cervantes, que en su ‘Quijote de la Mancha’, acuña la frase: “Vale un Potosí”, haciendo referencia a algo invaluable. También el nobel colombiano, Gabriel García Márquez, en su novela “El General en su laberinto”, cuenta la visita de Bolívar al cerro, el 28 de octubre de 1826; mientras que el escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su trilogía “Memoria del Fuego”, narra la historia dolorosa y colosal que sufrieron los mitayos potosinos bajo los látigos españoles que retumbaban en la panza golosa del cerro comedor de gente.
Si bien los autores pusieron sus ojos en esta veta potosina, invalorable por sus leyendas, no menos resonantes fueron algunos nombres de los habitantes de este campamento minero-Villa Imperial.

“Severino Colón, natural de Potosí y bisnieto de Cristóbal Colón, que dio a España el Nuevo Mundo, entró a la plaza con un mundo grande, denotando ser el que descubrió su bisabuelo, junto a 50 famosos mineros del cerro”, describe Martínez y Vela a este Colón en una de las frecuentes fiestas potosinas.
Por otro lado, según escritos de 1562, el capitán del ejército español Froilán Zapata, tras explotar durante diez años la mina que lleva su apellido, abandonó Potosí y se llevó al Asia 2 millones de pesos en plata. Veinte años después escribió a sus amigos de Potosí, contando que era general de las galeras turcas. Según los españoles prisioneros de los moros, Zapata era el rey de Argelia.

En 1579, luego que Juan Pereira deja Potosí para gobernar Chile (donde lo matan lanzas araucanas y el líder indio Caupolicán bebe el vino de la victoria en el cráneo de Pedro de Valdivia, fugaz conquistador de esos presidios), viene a gobernar la Villa Martín de Loyola, sobrino de San Ignacio de Loyola. Sin embargo, las crónicas no dicen el destino final del pariente del santo fundador de la orden de los jesuitas, expulsada de Bolivia en 1776.
En 1589, mientras Potosí sigue enviando refuerzos a Chile asolado por los feroces araucanos, llega a la Villa, San Francisco Solano, que pasa a Tucumán para combatir el pecado. Villa Montes llevaba el nombre de este santo hasta el siglo XX.
Las crónicas también hablan de Francisco de Paula Sanz, gobernador de Potosí, del que se afirma era hijo bastardo del rey Carlos III. Del amor de Sanz con una inca, nació Wallparrimachi, mestizo poeta que murió en las huestes independentistas de Manuel Ascencio Padilla en la batalla contra el realista cruceño Francisco Xavier Aguilera, vencedor de Warnes en el Pari, y muerto en Vallegrande.


Manuscritos de un rey en pisos de letrinas
Durante las arduas campañas de la independencia y en cada una de las revoluciones que desangraron el país en casi dos siglos de la república, los documentos oficiales del poder político, las cuentas de las cajas reales potosinas que describían la cantidad de plata extraída por cada minero español, además de crónicas que contaban las hazañas y desastres del pasado nacional, rodaron en el fuego mítico de campamentos de guerra en montañas, altiplano o llano, para calentar a los guerrilleros libres y a las tropas realistas.
Incluso, cartas de obispos y cédulas reales selladas con el anillo de los reyes de España fueron a dar a letrinas nativas. Sólo el 25% de esos documentos ha sido rescatados, según dicen la directora del archivo de Sucre, Marcela Inch, y el director de la Casa de la Moneda, Edgar Valda, que ahora pelean contra la falta de condiciones para preservar ese patrimonio.

CRÓNICAS DESDE LOS SOCAVONES DEL DIABLO


Darwin Pinto

De la boca del diablo sale el humo azul de seis cigarros sin filtro que terminan en una punta de brasa roja.
De la boca verde y sin dientes de los mineros que le rinden tributo en las profundidades de las minas de plata de Potosí, sale un vapor helado y blanco con olor a coca que se pega a la piedra cortante de las minas, piedras heridas a fuerza de dinamita y martillazos desde hace siglos.
“Ese humo sale de la gente cuando el fuego de la vida se va apagando en los pulmones”, dice Joan Puma, minero de 35 años que parece de 60, que ha llegado junto a 12 colegas a la gruta del diablo a pedirle que acepte a un nuevo minero.
Arrastrándose entre las galerías de roca filosa, cuyos bordes hambrientos hacen harapos la ropa y cascos de los mineros, éstos hombres y sus abuelos han arañado las piedras para no caer en los abismos que se abren como bocas feroces en el suelo siempre mojado de las galerías subterráneas y han llegado hasta este espacio pacífico en el fondo de la tierra donde rendirán su tributo de coca, cigarros y alcohol al diablo.
Así, el ángel rebelde vencido por el Dios de los blancos, y condenado a vivir en las minas oscuras, les dará más vida, más plata y los protegerá en los pasadizos oscuros, de los derrumbes y gases venenosos que, sólo en 2002, cobraron 30 vidas de mineros, según dice Puma.
“Dios no se acuerda de las minas porque, como el infierno o los muertos, estamos bajo la tierra. La cristiandad se acaba hasta donde llega la luz en la entrada de la mina. Ahí está el Tatacajchu, una cruz que evita que el diablo se salga del cerro, pero que no sirve de nada cuando en carnaval el Tío va a la ciudad a celebrar su cumpleaños. Entonces los mineros sacan esa cruz en procesión para proteger a los potosinos de las travesuras del ángel malo”, agrega Puma, cuyos antepasados, según dice, emergieron del cerro como topos de piedra para construir la independencia de Bolivia (1825), para defenderla de Chile (1879), pelear contra Paraguay (1932), construir la revolución de 1952 y resistir a las dictaduras en el cerro sagrado, donde los hombres de las minas se reúnen desde hace siglos para ganarse la vida y la muerte.
“Pijchando frente al diablo se incubaron las ideas de resistencia a las dictaduras, porque aquí, si los espías entraban, el Tío los perdía en los túneles subterráneos. Para hallar la salida, se hace un ritual en el que el Tío acepta o no al intruso”, agrega Aldo Quino, minero de manos de piedra y ojos que ven donde los otros no ven.Para hacer un ritual de iniciación de un nuevo minero, los obreros de las profundidades se han reunido. Wilber Choque entra por primera vez al cerro. Su padre ha muerto por un derrumbe, y como hijo mayor, tiene el orgullo de tomar el lugar del fallecido. Para eso debe ofrendar su mejor coca, alcohol y cigarro al diablo. Si éste lo acepta, entonces encontrará las apetecidas venas grisáceas de plata entre las tripas de piedra abierta del cerro. Si no, deberá irse de inmediato.

Mientras el aprendiz se prepara para esta iniciación, el diablo mira con sus ojos transparentes (dos bolas de vidrio), al resto de los mineros que comparten la coca, el alcohol y el cigarro. Tiene la boca y nariz negras por el hollín de los cigarros de ofrenda y sus bíblicos cuernos de chivo intimidan a los presentes, mientras sus puntiagudas orejas se aguzan para atrapar los lamentos de indios muertos a latigazos en el pasado, y los suspiros de los vivos que fluyen como agua entre los laberintos asfixiantes de las minas. Tiene las manos expertas en cavar la piedra, puestas sobre sus rodillas, y en los pies lleva botas de minero. El diablo (los aimaras no podían decir Dios y decían Dío, de ahí degeneró a Tío), es también un minero, por eso bebe, coquea y fuma. Pero no trabaja, él cuida.
El diablo de la mina, hecho de arcilla y pintado con ocre del cerro por el minero más viejo, es una mezcla entre la religión cristiana y andina. Tiene el rostro europeo, ojos claros, nariz aguileña y barbas. Es un español enano, rojo y con cuernos. Así los mineros vengan a sus antepasados mitayos, muertos a latigazos en las minas, donde ellos ahora arriesgan la vida. Para seguir burlándose, los obreros del cerro llaman al diablo con nombres españoles como Jorge o Juan. El toque andino en el Tío de la mina es su pene de barro, que simboliza la fertilidad del cerro.
El ritual de iniciación empieza. El comensal minero echa alcohol en los ojos del Tío para que éste le haga ver la plata entre la piedra; le moja los hombros, para que le dé fuerza al cargar el metal; le llena de alcohol las manos, para que el Tío guíe las suyas sobre el mineral y le echa alcohol al pene, para que el Malo fertilice a la Pachamama. Así habrá más plata.
El minero primerizo, también lleva grasa de llama para obtener una salud capaz de soportar los peligros de la mina, un sullo (feto) de llama para la fertilidad; y serpentina de carnaval, para alegrar al diablo.Luego de la ofrenda, el iniciado pide permiso al Tío para beber alcohol, y lo pasa a los mineros siempre por la derecha, para conseguir su amistad. El más antiguo de los mineros, reparte la coca por la derecha, y los otros la reciben extendiendo ambas manos en señal de gratitud. Recibir la coca con una mano, significa desprecio. “Por la derecha, porque hacia ese lado gira el mundo y el brazo derecho es fuerza y vida”, señala Juan Carlos Genio, guía que nos ha metido por túneles estrechos como cuevas de animales hasta llegar a la gruta del ritual. Los socavones han cambiado. En la colonia eran rectilíneos y amplios con arcos de medio punto sosteniendo las galerías.
En la república, las galerías se volvieron caóticas e incómodas y se construyen a medida que el minero persigue la vena de plata a punta de dinamita.
En el ritual, los mineros leen su suerte en la coca, cuya cara superior es lo bueno y el reverso es lo malo. Pasan la lengua por la hoja, se la pegan a la nariz, soplan por la boca, y según del lado que caiga la hoja, la respuesta será positiva o negativa. Piden permiso al Tío para la primera fumada con la que pedirán un deseo. Luego colocan el cigarro en la boca del ángel caído. Si el diablo se lo fuma todo y deja ceniza blanca, ha aceptado al minero. Si lo deja a medias y con la punta negra, entonces el primerizo ha sido rechazado y debe dejar la mina, si no, los más de 10.000 diablos del cerro lo perseguirán en la oscuridad para siempre.En todo el ritual, los obreros han estado pendientes a la flamita de acetileno (mezcla entre el carburo de calcio y agua) que les alumbra el camino y les bailotea en los cascos. “Si ese fueguito se apaga, debemos salir corriendo porque hay gases venenosos mortales que se forman cuando el óxido de algunos minerales se combina con el agua que escurre por las paredes”, explica el guía.

La coca, además de ser clave en el ritual, también sirve como filtro de los gases nocivos, atrapando en su textura las partículas del gas, que luego es expulsado con los escupitajos del pijcheo. Pero la coca también sirve para darle la hora al minero que pasa todo el día en la oscuridad de los socavones. “Cargamos un bolo al entrar a la mina en la mañana, cuando se seca en la boca salimos y ya es mediodía”, explica Fulgencio Lora, y remata que hay obreros que tienen una numerosa familia y trabajan hasta 24 horas corridas sin alimentarse, ni tomar agua, soportando la desnutrición. “La coca es lo único que consumimos y por eso la queremos tanto”, dice. El contacto con el asbesto les produce cáncer de pulmón, por lo que la vida activa de un minero es de 15 años, y su esperanza de vida es de 45 años.

Según los mineros más veteranos, antes la pureza de plata era de 90%, hoy es del 5%. Por ello cada grupo de cinco mineros junta 8 toneladas de mineral, que llega a tener un costo de entre Bs 600 y Bs 1.500. Mientras los adultos se revuelcan en combates diarios para ganarse unos pesos, los niños también. Los pequeños se sorprenden de todo. Miran con asombro la cámara fotográfica, tocan con curiosidad de gatitos la grabadora, y luego, estos niños de entre 5 y 12 años, se acuerdan de que deben vender en Bs 5 esas piedras de colores que extraen de la mina, para que haya algo que cenar en la casita de adobe alumbrada por un mechero de acetileno, en el campamento cenizo a los pies del cerro.
Pero si se sorprenden del color de ojos de los turistas y de que la gente tenga pelo en la cara, más se sorprenderían de saber que la minería que ellos practican, junto a la prostitución y la zafra cañera, son las tres peores formas de explotación infantil según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Esta entidad afirma que en el cerro de Potosí trabajan unos 6.500 niños de entre cinco y 16 años.A Carlos, lo encontramos perforando a mano la piedra para poner una dinamita. No contesta cuál es su edad, luego responde: 22. Un conocido de él, por lo bajito desmiente: “Tiene 16 años. Dice que tiene 22 porque está prohibido que menores a esa edad trabajen aquí”, señala.
Según el alcalde de Potosí, René Joaquino, con $us 1,5 millones, una ONG de EE.UU. aplicará un proyecto de erradicación del trabajo infantil. Joaquino reconoce que será difícil sacar a los niños de las minas porque “tienen mentes de hombres”, que preferirán ganar los Bs 200 que ganan a la semana para ayudar a sus familias en las minas, en vez de perder tiempo y dinero sentados en una escuela. “Van a la escuela cansados, se duermen y odian el estudio porque no entienden. A los 15 años se casan, a los 18 tienen hijos que harán lo mismo que ellos”, dice Joaquino. Para cortar este círculo, agrega que darán desayuno y capacitarán a los menores en plomería y carpintería.
La desnutrición facilita que la contaminación producida por las cabezas de ingenio causen diarrea y vómito a los niños. “En la mina Pailaviri hay un 40% de niños desnutridos y en las escuelas todos tienen bichos. Los animales beben agua contaminada, y luego esa carne la comen los niños”, agrega el titular de salud municipal, Manuel Canaviri.¿Y qué querés ser de grande?, preguntamos a Walter, un vendedor de piedras del cerro: “Minero como papá”, contesta cansado y feliz.

Pachamama contra la mujer por amor al Tío
Las mujeres tienen vetado el ingreso a los socavones porque, según dicen los mineros, son portadoras de mala suerte para la explotación de la plata.En realidad, tal prohibición se debe a una cuestión de celos. Según la tradición, si una mujer entra a la mina, el diablo puede enamorarse de ésta y dejar de fecundar a la Pachamama (madre tierra), lo que causaría una escasez de plata.Si, en cambio, el Tío no se interesa por la mujer que entró en el cerro, entonces la Pachamama puede sufrir un acceso de celos y dejar de abrir sus entrañas para que el diablo la fecunde. En cualquier caso, los que salen perdiendo son los labradores de la panza del cerro, que en el pasado han sufrido la sequía del mineral y lo han atribuido a la presencia de alguna mujer en los socavones, según afirman los propios mineros que guardan con celo, esta tradición. Pero cada regla tiene su excepción.“Hubo casos en los que el minero moría y sólo dejaba hijas, por lo que la mayor debía tomar su lugar. Entonces el diablo veía a la mujer como un minero y no intentaba seducirla, como dicen que ha pasado en Potosí, donde mineros le han regalado mujeres vivas al diablo, a cambio de abundantes vetas de plata”, dice Zaida Marka, hija y esposa de minero, que observa a sus niños mientras estos venden trozos de minerales a los turistas en las bocas de mina del cerro. En la colonia, los españoles impedían que sus mujeres entren a las minas para que no vean y se impresionen con el trabajo inhumano que realizaban los mitayos (indígenas) en la extracción de la plata.“Cuando el diablo se emborracha, la Pachamama le suplica que salve a sus hijos mineros de los derrumbes. El la complace y la fecunda”, concluye doña Zaida.

jueves, 10 de abril de 2008

VIUDAS, HUÉRFANOS, MUTILADOS Y OLVIDADOS EN CHAPARE


LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ
(FRAGMNENTO)

Con el ascenso de Evo Morales al poder, la paz llegó a Chapare (cuartel general cocalero), pero la justicia se hace esperar. Hay cientos de víctimas, entre campesinos y uniformados. Se quejan de un abandono eterno.

Roberto Navia y Darwin Pinto
David Sapiencia escuchó los tiros y su cabeza retumbó como si le hubieran vaciado en ella un cubo de plomo ardiente y echó a correr hacia el lugar donde acababan de salir huyendo una bandada de pájaros.
Cuando llegó, empapado en sudor y mosquitos, cámara en mano se topó con cinco cocaleros heridos de bala, con la mirada perdida, con las manos tapando el hueco por donde se les había entrado el fuego y se les escapaba la vida. Los auxiliaban amigos y familiares gritándoles a la cara que: ‘No te mueras’, ‘Mirame a la cara’, ‘No, no te duermas carajo’, ‘Agarrate de mí, para que no te vayas’. Más allá, en ese ámbito verde-virgen matizado por el rojo abundante de la sangre entre el pasto, vio a otros cuatro cocaleros que ya estaban muertos, desbaratados como un castillo de naipes, boca arriba, de cara brillando al sol pese a la oscuridad de su raza, uno de ellos con los intestinos en las manos, como si los ofreciera de regalo, como si les diera su último abrazo de amor, dobladito como un feto, mientras los familiares de los caídos, llorando, en un castellano difícil, le contaban al fotógrafo que los habían agarrado a balazos, que ellos estaban desarmados, que sacara fotos carajo...

Entonces los militares aparecían de la nada. Rostros pintados, armados para la guerra, con aires de cazadores se acercaban a decirle que parara de tomar fotos y que se mandara a mudar de ese sitio en el que él (el fotógrafo) estaba sobrando. El lugar era la Senda Seis, en pleno Chapare, y David Sapiencia, aturdido por las imágenes que pasaban por su mente como si fueran una lluvia de meteoros, sin entender las palabras que le llovían en los oídos, después no daría crédito a lo que había captado su lente. Sapiencia ya tiene las fotos y opta por una retirada sigilosa. Los soldados aún no le han quitado la cámara que ha atrapado toda la escena.
Después sabrá que por haberse metido con una cámara en un lugar comprometedor, terminaría registrando un material para la historia. Pero no se arrepiente, aunque después, rendido ante la desesperación tras ser retenido por los militares, se anime a llamar llorando a su mujer, deseando no haber estado ahí, temiendo por su vida...

Últimas noticias de Chapare: una vez Evo llegó al poder, la paz se hizo en el trópico de Cochabamba, pero todo lo demás siguió igual: los campesinos lamiendo sus heridas, los huérfanos llorando a sus padres, la viudas trabajando el doble para suplir la ausencia del esposo y los muertos alejados de su descanso eterno por una guerra subterránea cuyos asesinatos de campesinos y soldados aún siguen impune.




LA SOMBRA DE UN PARAISO PERDIDO
Chapare ha sufrido una metamorfosis constante. De ser la capital de la droga en la época de los años 80, pasó a convertirse en la cuna de la violencia en los 90 y continuó así hasta no hace mucho. Chapare era tierra de nadie, un paraíso de los narcotraficantes, una tierra libre de los bribones adictos a vivir del trabajo fácil. También era una oportunidad para los comerciantes de chucherías, capísimos en venderles porquerías a los narcos, como joyas y relojes de fantasía que luego éstos les regalaban a sus amantes que escondían en las casitas de dos y de tres plantas, donde también guardaban los fajos de billetes y los paquetes de cocaína. Todo esto lo sabe Jaime Balderrama, porque él estuvo en Chapare en tiempos del narcotráfico, y aún sigue ahí. Ahora tiene 69 años y todavía vive de vender periódicos.

En la época de los 80 le iba mucho mejor porque sus clientes le compraban entre cuatro y cinco ejemplares. "No es que los de antes hayan sido grandes lectores", aclara Balderrama, que sabe que los periódicos eran cotizados porque había la creencia de que la cocaína secaba mejor si se la envolvía en los periódicos, cuyas letras y fotografías en blanco y negro estaban cargadas de tintas químicas.Balderrama ahora es un anciano que camina a paso lento con un paquete de periódicos bajo el brazo. Camina por las calles de Villa Tunari, de Shinahota, y de vez en cuando siente añoranzas. "Ahora estos pueblos no son ni la sombra de lo que fueron", dice y apunta a una de las casas de dos plantas de Shinahota, que a simple vista parece abandonada.

Salustiano Gómez, otro poblador de Shinahota, sabe que esas casas no están abandonadas, pero por las fachadas descuidadas y las inservibles antenas parabólicas que parecen esqueletos de aves extrañas, dice que lo que queda de los pueblos de Chapare puede ser catalogado como ruinas perfectas. "Si usted hubiera visto las avionetas que aterrizaban cerca de acá, de donde bajaban hombres vestidos de blanco con maletines de cuero y luego subían el cargamento que hoy es penado por ley, hubiera pensado, al igual que yo, que ese auge de dinero, de drogas y de derroche nunca iba a terminar", dijo Gómez. Pero no sólo acabó, sino que a medida que los organismos internacionales iban exigiendo que el país se liberara del flagelo del narcotráfico, se fue instaurando una política contra las drogas y las plantaciones excedentarias de la hoja de coca. De esa lucha, entre Gobierno y cocaleros, salió Evo Morales y se coronó como el defensor a muerte de la llamada 'hoja sagrada'.
Pero también, por esa guerra de baja intensidad, campesinos, militares, soldados y policías, que detrás del uniforme se escondían personas tan campesinas como los cocaleros. De aquel paraíso, donde todo lo ilícito estaba permitido, quedan los pueblos cercanos a la carretera asfaltada (que une Santa Cruz con Cochabamba) y los recuerdos de las muertes cuando se mataba por ajustes de cuentas o a título de la erradicación de la hoja de coca.

martes, 8 de abril de 2008

ALEIDA GUEVARA LLEGÓ AL SITIO DONDE MATARON A SU PADRE


LA PRIMERA GUEVARA EN LA HIGUERA

Aleida rindió homenaje al Che en La Higuera. La hija del guerrillero, en el lugar donde murió su padre, destacó el trabajo que realizan médicos y maestros de Venezuela y Cuba en el país. Pidió a Bolivia seguir luchando por su unidad


Darwin Pinto. La Higuera

Después de muchos años y a miles de kilómetros de distancia del sitio de sus recuerdos, Aleida Guevara reconoció al hombre que cuando ella tenía cuatro años y medio le había tratado de enseñar a bailar twist y charleston en La Habana.
Esta vez, ese guerrillero no era el hombre aquél de sus recuerdos, el amigo de su padre que ella había conocido en los días felices en Cuba. Esta vez era la fotocopia de una fotografía pegada en una pared de La Higuera junto a otras de guerrilleros muertos en la campaña que había iniciado su padre en 1967.
“Perdónenme si se me quiebra la voz, pero es que aquí, viendo las fotografías, se me vienen a la mente rostros que conocí en mi infancia, rostros de gente que se reiría conmigo si ahora los pudiéramos ver por esos cerros”, dijo Aleida Guevara March, en el acto que se hizo en La Higuera con la presencia de las brigadas médicas cubanas y de los alfabetizadores caribeños, entre otros invitados, en ocasión de los 39 años de la ejecución del Che. En el momento de su ejecución, el 8 de octubre de 1967, el Che tenía también 39 años.
Aleida llegó a las 10:10 de ayer a La Higuera, entró a la escuelita donde funciona la posta médica, leyó las inscripciones en el busto mayor del Che, y tuvo el coraje suficiente para entrar en el museo histórico de La Higuera, que está en el mismo lugar donde acribillaron a Guevara Laserna.
La hija del Che, en un acto en el que casi no hubo presencia de bolivianos, señaló que esos hombres (los guerrilleros) dejaron atrás a sus familias por un ideal de igualdad. “Éste es un lugar duro y difícil, pero al estar rodeados por cubanos, bolivianos y venezolanos que traen educación y salud para este pueblo, hace que sea menos difícil. Lo que hace 39 años nos quisieron arrebatar, hoy tiene más vigencia que nunca”, dijo haciendo referencia al trabajo de los médicos cubanos y de los alfabetizadores extranjeros y nacionales. Señaló que pese a que se trata de bloquear el trabajo de los médicos y maestros de las misiones cubanas y venezolanas, pidió que sigan adelante con el deber cumplido. Agregó que ellos tienen el compromiso de hacer realidad el sueño que acabó a balazos hace 39 años.
A Bolivia le pidió que siga luchando por su unidad. A su vez, ‘Chato’ Peredo, presidente de la Fundación Che Guevara, trajo los saludos del presidente, Evo Morales (‘Chato’ conoció a Evo ahí en La Higuera, hace diez años, en una fecha como la de ayer). Luis Oblitas, cónsul de Venezuela, pidió homenajear al Che “dándole otra paliza al imperialismo”, mientras que el embajador de Cuba, Rafael Dausá, que estuvo siempre con Aleida, parafraseó a Tupac Katari con eso de ‘volver para ser millones’, y criticó el hecho de que para Estados Unidos haya terrorismo bueno y malo, según los intereses de los gobernantes de ese país.
Casi al final del acto llegó un helicóptero Puma venezolano para trasladar a Aleida Guevara a Santa Cruz. Hasta el último momento antes de que aterrice el aparato, se pensó que venía Evo Morales al evento. Sin embargo, no fue así. Sobre sus actividades realizadas el sábado en Vallegrande (donde la fecha pasó desapercibida), Guevara March dijo que les puso flores a los guerrilleros caídos y a su padre, pero no a nombre personal, sino a nombre de un pueblo y de una mujer (su madre) que quedó amando a Guevara eternamente en Cuba.
Los actos preparados para conmemorar los 39 años de la muerte del Che se vieron afectados por un bloqueo de caminos en Pucará. Una parte de la caravana que partió de Vallegrande hacia La Higuera, fue retenida ayer por el bloqueo. Los habitantes de ese municipio reclamaban electricidad y culpaban al Gobierno de Evo Morales de no querer desembolsar la contraparte necesaria para el proyecto, porque el oficialismo tiene diferencias con la Prefectura de Santa Cruz.
El ex guerrillero y actual concejal ‘Chato’ Peredo, uno de los perjudicados, tuvo que firmar un acta de compromiso en el que señalaba que haría lo posible para que el Gobierno actúe en la solución de ese problema.
Críticas a Evo y tributo a los ex soldados
La Octava División de Ejército rindió ayer homenaje a los ex soldados bolivianos caídos en Ñancahuazú y La Higuera en 1967. El comandante Ramiro Orellana dijo que las Fuerzas Armadas jamás se doblegarán y defenderán la tricolor, que pretendían cambiar por un trapo rojo, la hoz y el martillo. A su vez, el presidente de la Federación de ex Combatientes de Ñancanhuazú, Gelacio Peralta, criticó al presidente, Evo Morales, por homenajear al Che, al que calificó de ‘vulgar delincuente’, y olvidarse de los bolivianos caídos por defender la patria. En La Paz, el inspector general de las FFAA, vicealmirante Ismael Schabib Montero, dijo que si la guerrilla del Che hubiera ganado en Ñancahuazú, no habría existido más Bolivia, por lo que rindió tributo a los soldados caídos.

128 AÑOS DE UN VIAJERO SIN PATRIA: ULISES


JAMES JOYCE: DIOS ES UN GRAN RUIDO EN LA CALLE
Darwin Pinto
Dios era un gran ruido en la calle…
Dios era un rayo que caía sobre las casas y entraba por las ventanas sin pedir permiso. Eso lo llenaba de terror en sus años de infancia y lo hacía encerrarse en los armarios y hablar consigo mismo. El terror al fuego caído del cielo lo hacía monologar interiormente, lo entrenaba para ser el creador de una de las prosas más complejas del idioma inglés y uno de los escritores más llamativos del mundo. El miedo iba convirtiendo a James Joyce en JAMES JOYCE.
Hijo de un padre irresponsable, borracho y anticlerical, y de una madre ferozmente católica y demasiado débil; como buen irlandés, James Joyce era un ser humano de ésos que entienden las cosas a su manera y les importa un carajo pararse a pensar cómo complacer a los que no lo entienden y se quedan detrás de él ladrando su descontento.
Sólo así se puede entender que haya popularizado, pese a las críticas, el estilo literario del monólogo interior, que tiene su máxima expresión en su novela Ulises, escrita con estilos diferentes en cada uno de sus capítulos. A James Joyce, acostumbrado a lidiar con los demonios interiores de su amor desmedido a su padre alcohólico y al desdén por su madre católica, jamás le hicieron mella las críticas feroces de detractores de elevados quilates, como la de la escritora inglesa Virginia Wolf, que cierta vez lo calificó de “pobre proletario ignorante”.

Su frivolidad céltica lo hizo sobrevivir al dolor físico que le causaba su ceguera provocada por el alcohol barato y a la miseria de su vida, que desde el principio fue la triste crónica de un alma sosegada en una marcha inevitable hacia la decandencia y la autodestrucción. Pese a su extraño talento de caerle mal a la gente de su época, el tiempo le dio la razón.

El 2 de febrero este dublinés, que se autoexilió de su país y se declaró ciudadano de sí mismo, hubiera cumplido 128 años de no haber muerto en 1941 por una complicación en las entrañas, casi ciego y sin patria en un hospital de pobres de Zurich (Suiza). Extraña coincidencia, allí iría a morir en 1986 Jorge Luis Borges, uno de los estudiosos más importantes de la obra de Joyce.


Ulises

Aún su familia no había perdido lo poco de dignidad que le restaba tras el descalabro emocional del padre de los 11 niños, cuando el pequeño James en la escuela escuchó el relato de su maestro sobre las aventuras de Ulises, el personaje de Homero que aparece tanto en la Iliada como en la Odisea.
Odiseo, que es el otro nombre de Ulises, eran un griego que no tenía la fuerza del rey Agamenón, ni la fiereza de Aquiles, pero tuvo la audacia de idear la estrategia de entrar en la sitiada Troya en el interior de un gran caballo de madera. Cuando el maestro preguntó a los chicos con qué héroe de la historia homérica se identificaban, el chico Joyce dijo simplemente: Ulises, que en nada se parecía a los musculosos héroes homéricos.

Ulises (Ulysses) novela experimental en la que logró que cada uno de sus episodios o aventuras no sólo condicionara, sino también “generara” su propia técnica literaria: así, al lado del “flujo de conciencia” o monólogo interior (básicamente se trata de escribir lo que se piensa en estados de duermevela) se encuentran capítulos escritos al modo periodístico, teatral, el ensayo científico, o incluso imitando las series de preguntas y respuestas de los catecismos.

Sus ataques a las instituciones, principalmente a la Iglesia católica y al Estado, son continuas y muchos de sus pasajes fueron declarados obscenos por sus contemporáneos.


Las fobias

Joyce, hermano mayor en una familia católica irlandesa (minoría dominada por el protestantismo en un país desgarrado por la ocupación inglesa), detestaba el rugby, el boxeo, la lucha, los deportes de contacto físico que a los ingleses servían para dominar el temperamento, pero le gustaba la natación. Le aterrorizaban los truenos, porque a él le habían enseñado desde niño que Dios era un gran ruido en la calle y justificaba sus arranques de pánico en las jornadas de tormenta diciendo que los rayos entraban en las casas sin pedir permiso. Al preguntársele por qué sus hijos no heredaron su terror a la tormenta, James respondió: “Ellos no tienen religión”.

lunes, 7 de abril de 2008

ENTREVISTA A ROBERTO NAVIA, PREMIO ORTEGA Y GASSET



CON VARIOS KILÓMETROS DE
CHARLAS Y VINOS A CUESTAS

A Roberto (izq. en la foto) lo conozco desde que estábamos sin estar detrás de las notas que escribíamos sin mayor premura que la de llegar a fin de mes para cobrar y suspirar aliviados...Pero pasó que apareció el Nuevo Periodismo, las tertulias con coca, con tragos, los fantasmas de mujeres de viva presencia, los libros desquiciados y las golondrinas de la política revoloteando por cuartos llenos de más libros y más botellas vacías y entonces supimos que los diarios eran más que simples papeles con tinta....



Darwin Pinto Cascán
El niño que había soñado con ser arquitecto; el que para sobrevivir había recorrido montado en camiones destartalados los huecos más tristes del Chaco boliviano junto a su familia nómada por necesidad, encabezada por su infatigable padre carpintero, ese muchacho acaba de ganar el premio Ortega y Gasset que otorga el grupo mediático El País, de España, en la categoría de mejor trabajo de Investigación, por el reportaje Esclavos made in Bolivia. Ahora ya no es más un muchacho. Ahora es Roberto Navia, toda una marca.
Por eso ayer llegué a su casa, no a visitarlo como compinche de tertulias y vinos de medianoche, sino como periodista a quien se le ha encomendado la entrevista de rigor. Ahí estaba Roberto, sin haber almorzado aún por los nervios, sonriente, resistiéndose a creer lo que le estaba pasando...

- ¿Qué de nuevas?
- Es verdad nomás lo del premio.

- ¿Querés charla o entrevista?
- Charla nomás.

- La esclavitud de bolivianos en Argentina y Brasil siempre estuvo ahí, pero...
- Antes había hecho un reportaje sobre los inmigrantes bolivianos en España, pero me di cuenta de que no hacía falta cruzar el Atlántico para hallar bolivianos esclavos. En Brasil y Argentina también los había. Decidí contar esa historia porque si no lo hacía, era un peso con el que no podría vivir. Era un proyecto difícil, insistí, se hizo con ayuda de la fundacion Unir y EL DEBER. Me subí a un ferrocarril y luego a un bus hasta Brasil.

- ¿Cómo fue el reporteo?
- Me identifiqué como periodista, me hice cómplice de los inmigrantes esclavos y me metí en su submundo para llegar a los esclavizadores.

- ¿Qué fue lo más difícil?
- Preguntarle a alguien por qué esclaviza a un ser humano.

- ¿Cuál fue tu ruta?
- La idea era sólo Brasil, pero reporteando descubrí que había otra ruta de esclavos bolivianos que pasaba por Paraguay y llegaba hasta Buenos Aires. Ahí hallé bolivianos que preferían vivir en un barrio hecho de basura en vez de ser esclavos.

- ¿Qué te impactó más?
- No hay cosa peor que sentirse inmigrante. Es peor que ser asesino o tener la peste. Luego me marcó ver los ojos amarillos de la gente desnutrida, ver gente que manda saludos a sus parientes en Santa Cruz luego de 20 años de ausencia. Vi a una mujer que fue liberada porque moría de tuberculosis después de cinco años de no haber visto una calle. Los quejidos siempre son elocuentes.

- ¿Qué reacciones hubo?
- El Estado es vergonzosamente inoperante. Hay un 25% de bolivianos en el exterior y no hace nada para matar la burocracia.

- Desde tu experiencia, ¿qué es ser inmigrante?
- Es como un mal, en cualquier momento te toca.

- ¿Todo esto cambió tu visión del periodismo?
- Hay miles de historias por ser contadas, uno no puede descansar. Eso tiene que entenderlo la gente en los periódicos.

- ¿Qué balance hacés del periodismo?
- Hay una corriente generacional nueva y pequeña con talento que no le envidia nada a los de afuera. El periodismo es un compromiso mayor que la coyuntura. Que este premio sirva para dar luces a los medios y que apoyen la investigación.

- ¿Cuál fue tu escuela?
- La lectura de los grandes escritores que fueron periodistas. La literatura es madre de todo el buen periodismo. García Márquez, Vargas Llosa o Allan Poe son prueba de eso.

- ¿Cómo ves tu vida de aquí en adelante?

-Espero que se me abran más puertas y que el nombre de Bolivia quede en alto. Para hacer buen periodismo hay que viajar, no soporto hacerlo desde un escritorio.

- ¿A quién te encomendás cuando empezás un reportaje?
-Me encomiendo a mi padre, a la suerte, a Dios y a que mi olfato periodístico no me falle.

Fin de la entrevista, aprentón de manos. Atrás de él, enmarcado sobre su sala está una foto de ambos que nos sacaron el día que presentamos la biografía no autorizada de Evo Morales y entonces recién caigo en cuenta de que el logro de Roberto no es más que el principio para los nuevos tiempos que se vienen para el periodismo boliviano. Nos despedimos y 20 minutos después otra vez estamos en el diario, metiéndole bala a la vaina, como todos los días.

UN ESTETICISTA DEL HORROR


LA MÁSCARA ROJA DE EDGAR ALLAN POE


Mañana se cumple el 158 aniversario de la muerte de quien es considerado el padre de la literatura policial y de ciencia ficción. Le dio vida a uno de los primeros géneros nacidos en el nuevo mundo y que influenció en Europa a personajes como Baudelaire, Stevenson y Connan Doyle, entre otros autores


Darwin Pinto
Ya la muerte roja y su pestilente máscara de exterminio penetró con engaños en el palacio de la felicidad y congeló en una mueca de terror la alegría de sus habitantes, que se creían a salvo de la peste detrás de esos muros, no tan impenetrables. Ya Montresor se vengó de Fortunato confinándolo vivo detrás de una pared de ladrillos en lo más hondo de las catacumbas donde se añejan vinos amontillados y huesos humanos.

Auguste Dupin develó el misterio de los asesinatos de la calle Morgue, el corazón delator acusó al culpable del crimen del anciano de mirada enloquecedora, el gato negro gritó como un ser humano para denunciar lo innombrable y el cuervo graznó otra vez ese maldito y definitivo: Nunca más. Ya ha ocurrido todo eso cuando Edgar Allan Poe despierta del delirium tremens en un hospital de Baltimore, levanta su puño amenazante y saca un grito desgarrado con lo último de sus fuerzas: Que Dios se apiade de mi pobre alma. Cae fulminado por fin, la vida deja de apuñalarlo por dentro y la muerte, obsesión a la que le dedicó casi toda de su obra, se torna en una heroína liberadora para un hombre que nunca fue feliz. Antes de ser encontrado moribundo en una zanja, vestido con ropas de niño; antes de ser hospitalizado en ese hospital de Baltimore, antes de la crisis final de delirium, él ha sido echado a patadas de las cantinas donde ya nadie quiere fiarle vino.

La gente ya no tiembla ante su poema El cuervo y en vez de monedas le lanzan tomates y cosas peores. Sin hogar, sin familia, sin amor, adicto al láudano y al alcohol, se pasa las noches llorando sobre la tumba de su prima-esposa Mary Claim. La tragedia de su vida empezó desde su nacimiento, cuando fue abandonado por su padre irlandés, David Poe.

A los tres años quedó huérfano de madre (Elizabeth Arnold, una triste comediante inglesa muerta de tuberculosis) y sus dos hermanos fueron repartidos entre otras familias como animales (ambos murieron siendo niños). Mal querido por su tutor John Allen, se hizo adicto al juego, al alcohol, al láudano y se convirtió en un autor tan genial (creó los géneros del relato policial y la ciencia ficción), que en su tiempo pasó desapercibido. Pese a eso, Allan Poe nunca sabrá que él, el hombre que jamás se sintió amado, será adorado por millones tras su muerte. La canción de Bob Dylan Just Like Tom Thumb's Blues está basada en la calle Morgue. En la portada del disco Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band de The Beatles, uno de los personajes allí reflejado es Poe.

El grupo Alan Parsons Project realizó canciones dedicadas a Poe en su disco Tales of Mystery and Imagination, con colaboraciones de Orson Welles. En 1981, Iron Maiden, realizó la canción Los asesinatos de la calle Morgue (en su disco Killers), Gustavo Cerati (Soda Stereo) compuso el tema Corazón delator, y Tim Burton le rindió homenaje en su cortometraje Vincent.Sobre el género policiaco creado por Poe, tres escritores nacionales opinan. “Ha sido históricamente maltratado, aunque se lo está reivindicando”, dice Wilmer Urello, Premio Nacional de Novela 2007 con Los fantasmas asesinos, una historia policial. “El género goza de buena salud”, afirma Gonzalo Lema (ganador en 1998 del mismo premio), que en la misma corriente ha escrito las obras Un hombre sentimental y Dime contra quién disparo. Ramón Rocha Monroy (premio 2004), autor de la obra Ladies Night, dice que lo mejor del género es la fuerte tensión que causa en el lector. Mañana se cumplen 158 años de la muerte de Poe y el extraño de siempre (dicen que es una sombra en la noche) le dejará sobre la tumba la acostumbrada rosa roja al más desdichado y genial de los narradores estadounidenses.

TENNESSEE WILLIAMS: UN GIGANTE DEL SUR GRINGO


PASAJERO ETERNO DE UN TRANVÍA LLAMADO DESEO...

Se cumplieron 25 años de la muerte del gran escritor y dramaturgo estadounidense. Si bien su vida estuvo matizada por la amargura, el éxito literario y cinematográfico, las circunstancias de su muerte aún despiertan recelos



Darwin Pinto
"Rose, su cabeza cortada, abierta, con una navaja punzando en su cerebro. Yo aquí, fumando”, afirma en un verso Tennessee Williams, en el que vomita su impotencia y se siente la profundidad amarga de uno de los escritores estadounidenses que más influencia tuvo no sólo en el boom de la literatura latinomaericana, sino en la narrativa mundial y en el cine. Los problemas de su hermana Rose, su origen sureño y su homosexualidad, fueron probablemente los hechos que más marcaron su estilo como escritor, que los críticos encuadraban en el ‘gótico sureño’ junto a William Faulkner, Carson McCullers o Flannery O'Connor.Williams se hizo escritor el día que a su hermana Rose le diagnosticaron esquizofrenia y los médicos le practicaron una lobotomía prefrontal (le desactivaron el lóbulo frontal del cerebro metiéndole una navaja por la nariz), lo que dejó a la joven incapacitada para el resto de su vida, ya que perdió la sicomotricidad fina y la capacidad de proyectar pensamientos a futuro.

Eso causó enormes remordimientos en el escritor, los mismos que son evidentes en los relatos La habitación a oscuras, Retrato de una chica en cristal, o El ángel del ático, donde él habla sobre Rose: Ella se limita a estar tumbada en su cama a oscuras y no quiere salir. A veces hace ruidos, llora y todo eso. Los vecinos del cuarto de arriba se quejan (La habitación oscura) Después de su drama personal Tennessee Williams trabajó de fogonero, limpiabotas y lavaplatos, mientras escribía piezas que eran representadas en teatros comunales, hasta que en 1945 llegó a Broadway su obra El zoo de cristal, que ganó el Premio del Círculo de Críticos Teatrales de Nueva York a la mejor obra de la temporada y que le lanzó a un temprano éxito.

Tanto el personaje de Laura en esta obra como el del considerado más importante de todas sus obras, la Blanche Dubois de Un tranvía llamado deseo, fueron inspirados por el drama de su hermana Rose, a quien el escritor se sentía muy apegado y cuyos problemas marcaron su vida y su obra. La decadencia de la vieja aristocracia sureña, su provincianismo, sus estrictas y desfasadas normas sociales o ese calor húmedo y pegajoso propio de la región son elementos recurrentes de las obras de Tennessee Williams.

“Su tema de conversación favorita era la muerte de familiares y amigos a quienes había cuidado con la vista y el oído atentos para que no se le escapara detalle de su agonía”. Así reza un relato de Williams en qu muestra el tipo de sus personajes. Y es que sus obras están llenas de inadaptados, marginados, perdedores y desamparados, por los cuales muestra un gran interés, como explicó en sus Memorias (1975), en las que reconoció abiertamente una homosexualidad que no había escondido de forma explícita, pero por la que no quería ser reconocido. Sentía un enorme temor a trascender como ‘un célebre dramaturgo homosexual’, pero había una gran sexualidad latente en sus personajes, en especial en los masculinos, lo que avivó los rumores y polémicas sobre su persona.Williams, de cuya muerte se cumplieron 25 años el martes pasado, ha pasado a la historia literaria por sus ajustados retratos del sur estadounidense y sus personajes cargados de tensión sexual, y también por las buenas adaptaciones cinematográficas de sus textos.

El personaje de Brick Pollitt en La gata sobre el tejado de zinc caliente (interpretado por Paul Newman en la primera adaptación cinematográfica de la obra) trataba de recuperarse del suicidio de su amigo Skipper, relación que fue muy matizada en su traslación a la gran pantalla. Y la tensión sexual protagoniza muchas de sus obras, como en Un tranvía llamado deseo, que retrata la relación adúltera de Blanche (Vivian Leigh en el cine) y su cuñado, Stanley Kowalski (un rol que lanzó a Marlon Brando al estrellato).

Porque aunque Williams ganó numerosos premios teatrales por sus obras, fueron las adaptaciones cinematográficas de muchas de sus piezas las que le dieron una enorme fama internacional. Además de esas dos obras, fueron llevadas a la gran pantalla El zoo de cristal, La noche de la iguana, La rosa tatuada, Dulce pájaro de juventud, La primavera romana de la Sra. Stone, Verano y humo o Propiedad condenada.

Tras sus años de gloria en Hollywood, Williams pasó a un casi desprecio por parte de la crítica, a lo que se unió una fuerte depresión tras la muerte, en 1963, de su compañero Frank Merlo, con quien mantenía una discreta relación desde 1947. Impulsado por su carácter hipocondríaco, el escritor abusó de medicamentos y calmantes, que dieron paso a las drogas y al alcohol, que hicieron de él una sombra de lo que había sido.Williams murió el 25 de febrero de 1983 en Nueva York en raras circunstancias al tragarse el tapón de un tubo de medicinas que trataba de abrir. “No esperes el día en que pares de sufrir. Cuando llegue, estarás muerto”, escribió el autor nacido en lo hondo del sur gringo.

LA GUITARRA NO FUE MÁS GUITARRA, FUE OTRA COSA....


HENDRIX Y SU RONCA LOCA CONSENTIDA

De no haber muerto ahogado con su vómito, Jimi Hendrix, considerado por la revista Rolling Stone como el mejor guitarrista de la historia, hubiera cumplido 65 años. Algunos guitarristas hablan sobre el genio que distorsionó la guitarra e inventó un nuevo sonido

Darwin Pinto
Jimmi Hendrix agarró el blues del Mississippi y lo hizo estallar en pedazos después de que le puso ‘esteroides’ a la guitarra blusera. Posterior a él, es imposible imaginar una banda de blues o rock sin su majestad la guitarra gritando con toda la fuerza de sus cuerdas “bucales”. Eso dicen algunos guitarristas de grupos de rock y blues locales a la hora de hablar de este maestro músico autodidacta, que de no haber muerto ahogado con su vómito, quizá el martes pasado hubiera cumplido 65 años. Pero Hendrix no era de los que aspiraba a vivir demasiado. Él, como muchos músicos de su generación (los war’babies), metieron caja quinta del Ferrari de la vida (lleno del combustible de la adrenalina y el LSD) y se destrozaron en contra del muro de sus propios placeres, como Jim Morrison y Jannis Joplin. Amén por eso y por temas como Vodoo Child, Foxie Ladie y Hey Joe, que Hendrix dejó como herencia a millones de sus huérfanos felices.“Para mí, Hendrix inventó la guitarra. Una vez él apareció en el mundo de la música, hubo un antes y un después en cómo se tocó ese instrumento. Inventó el acople entre la guitarra y los parlantes, desplegando tal distorsión y potencia en el sonido que la misma no dejaba de sonar”, dijo Marcelo Gala, guitarrista y líder de los bluseros de La Maga.Gala no pasó por alto las raíces musicales de este gringo negro nacido en Seattle. “Él tocó blues, estuvo con BB King, con Little Richards, y después se fue a Londres, donde hizo estallar la guitarra. Ella es la reina del blues junto a la armónica. Los primeros músicos negros viajaban de un lado al otro llevando esos dos instrumentos livianos. ¿Imaginás si se animaban a llevar un piano?”, afirmó Glen Vargas, que además de ser considerado por muchos como el mejor guitarrista rockero del país, es el líder de la banda cruceña Track, afirmó que Hendrix fue un revolucionario. “Era un tipo expresivo y para que la guitarra vaya con la misma fuerza que esa expresividad, le distorsionó el sonido haciéndola más potente. Ponía a full el amplificador y tocaba a toda potencia. Acoplaba la guitarra con el parlante y el sonido iba y venía entre ambos. Esa distorsión reveló efectos nuevos, desconocidos hasta antes de él”, señaló. “¿Que cuál es el papel de la guitarra dentro de una banda? no me imagino a un grupo rockero sin una guitarra. En otros géneros musicales puede faltar, pero nunca en el rock, porque es el alma”, asegura tajante.El guitarrista Gonzalo Paz (que conforma el dúo Letop) señaló que Hendrix fue un inventor de sonidos através de su dama de varias cuerdas. “Él necesitaba un sonido agresivo, porque en un principio hacía algo que se podría llamar heavy blues. Rompía un poco un parlante, le daba toda la potencia y creaba un sonido desordenado y saturado. Después, los ingenieros descubrieron cómo incorporarlo a otras guitarras. Lo que tocamos ahora, él ya lo hacía en su tiempo. Es una de las más grandes influencias para los guitarristas. De chico vi una grabación de él en Woodstock y me impresionó que un zurdo, que tocaba la guitarra al revés, pudiera sacar un sonido como ése. La guitarra le da la fuerza al rock, es la que guía”, dijo. Hendrix fue considerado como el tercer Rey del rock mundial, según una encuesta de la revista musical Q en Reino Unido, que además ubicó a Freddy Mercury como el músico del género más importante de todos los tiempos, seguido de Elvis Presley. En 2003, la revista Rolling Stone lo eligió como el mejor guitarrista de todos los tiempos. En una grabación de You Tube se ve a Hendrix charlando con Keith Richards (guitarrista de los Rolling Stones) y con Mick Jagger. Tiene la facha de alguien que no le debe nada a nadie: un pucho en la boca, su pelo rebelde con su cinta roja y en las manos lleva el instrumento que lo hizo inmortal: la guitarra.

64 ESCAMAS DE UN REY LAGARTO


EL CUMPLEAÑOS DE UN SER
FUERA DEL TIEMPO

Jim Morrison, el desaparecido líder de la mítica banda The Doors, hubiera cumplido 64 años este 8 de diciembre. En EL mundo, el hombre que sacó a Nietzsche y Rimbaud de los libros y los llevó al rock sigue siendo recordado, pese a que han pasado 36 años de su muerte




Darwin Pinto
Father, I want to kill you. Mother, I want to fuck you ¡¡all night babe!!” Cuando Jim Morrison dijo aquella edípica frase en el principio del tema The end, sólo tenía 21 años y quería aprender a cabalgar a la serpiente para ser poeta. Pero el dueño del Whiskey a go go, uno de los locales de moda de Los Ángeles y en el que Mr Mojo se presentaba esa noche, no soportó tal sacrilegio verbal de un borracho adicto al peyote, y lo sacó a empellones en medio del delirio de los fans que andaban más drogados que Morrison por la heroína, el LSD y la música de esos tres tipos tímidos (salvo el cuarto, el vocalista, que al parecer estaba loco) que se hacían llamar The Doors (Las Puertas).

Se llamaban así porque Morrison había dicho: “Hay cosas conocidas y cosas desconocidas. Y en el medio están Las Puertas”. Y también por la cita del poeta inglés William Blake: “Si las puertas de la percepción permanecieran abiertas, todo aparecería ante el hombre tal cual es, infinito”. Después del lío en el boliche, Paul Rothchild, productor y por aquel entonces dueño de la empresa discográfica Elektra Records, siguió al grupo hasta la puerta trasera por donde los acababan de echar. Allí les propuso grabar un disco cuanto antes. De ahí en adelante, la leyenda del Rey Lagarto se iba a disparar por el mundo en los próximos seis años (de 1965 a 1971).

De modo que esa noche en el Whiskey a go go, el resto de la banda (Ray Manzarek, teclados; Robby Krieger, cuerdas, y John Densmore, batería) supo a quién tenía de líder: era un hombre que tenía un coeficiente intelectual de 149 (se considera superdotado a alguien que pasa los 130. Ésos son sólo el 2% de la población mundial), tenía diagnosticada una tremenda fobia a las agujas (por lo que nunca usó heroína) y padecía miedo escénico (por lo que a veces cantaba de espaldas al público). Sin embargo, no se hacía problemas a la hora de ser un poeta demoledor, insultar a los polícias y simular mostrar el pene y masturbarse, como lo hizo en uno de sus conciertos el 1 de marzo de 1969. Por ese acto enfrentó un juicio que a la larga hizo que se retirara de la música en pleno auge de los Doors, que eran los únicos gringos que competían con los británicos Rolling Stones y The Beatles. Después, quiso escribir poemas en París, pero allí se le ocurrió morirse. La ciudad era demasiado romántica como para no ceder a la tentación de encontrarse con la hembra que había buscado siempre: la muerte.

En Santa Cruz, bandas como Alive, Mr Mojo y Wankel hacen covers de The Doors como Light my fire, Love me two times, Alabama song o The road house blues. “Para mí, Jim es algo fuera de lo común, porque además de músico era un poeta. Es difícil cantar sus temas por el timbre de su voz. Me enseñó muchas cosas, hasta a cantar a destiempo. Por la belleza de sus temas, éstos no se han perdido en el tiempo”, dijo Billy Bilbao, líder de Alive. Billy Castillo, que hasta hace poco menos de dos meses formó parte de la banda Mr Mojo (uno de los apodos de Morrison), revive al californiano con su banda Wankel. “Con Mr Mojo hace dos años hicimos un homenaje a The Doors y ahí empecé a apreciar la obra de Morrison. Me interesó su lírica, su poesía. El talento de The Doors se expresó a través de él. Planeamos hacer algo para el aniversario junto a Mr Mojo. Hay que confirmar”, comentó Castillo, luego de que Bilbao dijo que no se haría problemas para participar con Alive en un homenaje a Morrison el 8 de diciembre, fecha en que cumpliría 64 años. El 3 de julio de 1971, Pamela Courson, la pareja del músico, lo encontró muerto. No hubo autopsia, pero se declaró que falleció por un paro cardiaco.

Hay personas que dijeron que lo vieron después de su muerte en París y en Los Ángeles o que vieron a un tipo que se llamaba Roberto Pereira (alias ‘El Perro’), que cobraba cheques a nombre de Morrison. Ray Manzarek (El tecladista de The Doors) declaró: “Si existe un tipo capaz de escenificar su propia muerte, crear un certificado de defunción ridículo y desaparecer a alguna parte de este planeta, ese tipo es Jim”.Morrison en uno de sus poemas escribe: “Me duele dejarte libre, pero es que nunca me seguirás”. Así sea, jinete de la tormenta...